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1.200 ANIVERSARIO DE LA CATEDRAL DE OVIEDO
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Viernes, 29 de Octubre de 2021  

CONCIERTO CON MOTIVO DEL 1.200 ANIVERSARIO DE LA CATEDRAL DE OVIEDO

Viernes 29 de octubre, 19.30 horas

 

OVIEDO FILARMONÍA

Lucas Macías, director

Mª José Moreno, soprano / Ketevan Kemoklitze, mezzo / Juan Noval-Moro, tenor / Gabriel Bermúdez, barítono

Coro Capilla Polifónica "Ciudad de Oviedo"

 

Programa:

  • Obertura Fanfarria “Locus Iste” (obra de estreno), de G. Martínez
  • Laudate Dominum, de las Vísperas solemnes de confesor K339, de W. A. Mozart
  • Gran Misa en do menor K427, de W. A. Mozart

Entrada libre hasta completar el aforo

 

 

La Obertura-fanfarria Locus iste es una obra de estreno compuesta por Guillermo Martínez, como encargo de la Fundación Musical “Ciudad de Oviedo” en el marco de los actos conmemorativos por el 1.200 aniversario de la dedicación del primer altar de Catedral de Oviedo (821-2021). Su autor describe la obra de la siguiente manera:

 

“La obra, escrita para 3 conjuntos sonoros separados espacialmente -orquesta clásica, ensemble de vientos y trompeta-, busca explorar el espacio sonoro en la línea del egregio estilo policoral veneciano. Su forma es libre. Las semánticas musicales nacen todas ellas en las imágenes y melodías esbozadas en el canto gregoriano: "Locus iste". Canto propio para la dedicación de un templo.

 

Las tonalidades empleadas en la partitura -mi mayor y do mayor- son algunas de las sentidas por los músicos como tonalidades "de luz". Así, la arquitectura del discurso musical nos llevará a través de 4 capítulos.

 

En el primero, “Soñando una Catedral”, la exposición nos presentará un paisaje sonoro lírico y onírico (en los sfumatos que la orquestación dibuja), desembocando sin solución de continuidad en un épico final y clímax. Este capítulo es presentado por la orquesta sita en el espacio escénico principal.

 

 

En el segundo capítulo, “Proclamando una Catedral”, emergerá la melodía gregoriana que da título a Locus iste, a cargo de una trompeta situada en uno de los triforios laterales, como un segundo espacio escénico en las alturas. Y así, la trompeta se alza sobre la orquesta, que cristalizada en una serie de nubes armónicas buscan alinearse con la mística que la melodía gregoriana suscita. El desarrollo del capítulo dibuja un relieve de creciente riqueza armónica y rítmica, así como dinámica e instrumental.

 

En el tercer capítulo, “Celebrando una Catedral”, la fanfarria es inaugurada por el ensemble de vientos sito en el órgano de Coro -tercer espacio escénico de la obra- y, en vivo diálogo entre los tres cuerpos sonoros, se nos brinda el desarrollo de la obra. Éste, de carácter festivo y pastoral, es escrito en ritmos ternarios que, según la tradición de la literatura musical, son relacionados numérica y simbólicamente con la Trinidad de Dios ya desde la noche de los tiempos.

 

Nuevamente, el relieve sonoro creciente del capítulo y su trepidante rítmica nos conducirán hacia la sección última, el cuarto capítulo, “La luz de una Catedral”.

 

Se inicia con una reexposicion del primer clímax de esta composición (capítulo primero) y, a partir de este punto, el fin al que conducirá el discurso musical reexpondrá y reelaborará los materiales temáticos empleados en toda la obra, en una dimensión ya plenamente policoral. Y ya sólo será uno el afán... llenar todo el templo de sonido en un sentido literal del término y de luz en un sentido figurado, así como el cielo es descrito en textos bíblicos como una luz brillantísima y sin parangón. Una luz que llena, una luz que envuelve, una luz que ciega”.

 

 

Tras la obra de estreno llegará el Laudate Dominum de las Vísperas solemnes de confesor K339, de Wolfgang Amadeus Mozart. Una de las piezas, para soprano y coro, de mayor belleza de todo su corpus creativo, escrita sobre el texto del más breve de los salmos, “Alabemos al Señor”. Sublime, revela el lado más personal del acercamiento de Mozart a la música sacra, según los estudiosos. Alfred Einstein fue mucho más allá, al señalar que "quien no conoce esta obra no conoce a Mozart".

 

Laudate Dominum omnes gentes
laudate eum, omnes populi.
Quoniam confirmata est
super nos misericordia ejus,
et veritas Domini manet in aeternum.
Gloria Patri et Filio et Spiritui Sancto.
Sicut erat in principio, et nunc, et semper.
Et in saecula saeculorum.
Amen.
¡Alaben al Señor todas las naciones,
glorifíquenlo todos los pueblos!
Porque es inquebrantable
su amor por nosotros,
y su fidelidad permanece para siempre.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo,
como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén.

 

 

Para una celebración de esta magnitud, el concierto se cerrará con una de las obras más monumentales de la historia de la música, la Gran Misa en do menor K427, también de Wolfgang Amadeus Mozart. Inacabada, como su famoso Réquiem (la escritura original de esta misa termina en el Benedictus, aunque Mozart debió de tomar prestados fragmentos de otras obras para hacerla completa y apta para la interpretación litúrgica, el 23 de octubre de 1783 en Salzburgo), y compuesta por iniciativa propia con motivo de su matrimonio, está escrita para orquesta, coro mixto y solistas. Y la explicación más lógica a sus particularidades musicales, apoyada en gran medida por la propia partitura, es el gran descubrimiento que Mozart hizo justo antes de empezar con esta obra: la música del barroco tardío, sobre todo la de Johann Sebastian Bach y Händel, que hasta entonces se consideraban desesperadamente anticuados. El público demandaba una constante novedad, pero con esta obra la música del pasado alimentaba el presente y el futuro.

 

 

 

 

 


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